Por encandilar hasta mis deseos, por hablarme así, de esa manera, volviendo a cautivar y enardecer tanto mi alma... insensata, por supuesto, cada vez que rompes mi equilibrio, el supuesto control y me extravío...
Otra vez, sin remedio en esa vorágine de encanto, de embeleso, de pasión, ¿cómo puedes sonreír así de regia... Y pretender que no provocas revuelos en este indefenso ser que te ama y que adoraría atesorar cada sonrisa tuya?
Insensata también si me miras y desarmas o si hablas y descubres en tu boca, esa gruta de manjares que es mi delirio. ¡Oh, querida mía!, cuánta más insensatez si caminas y en tu cadencia te llevas mis ansias, cordura... hasta mi locura.
Pero qué bueno que seas insensata, irreverente, provocativa, indómita... ¡benditas las aguas de tu cascada, bendito el resplandor con que me atas, bendita tú, amada ninfa de mis sueños, bendita tu vida... que da vida a la mía!
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